Seguro que has leído mil veces que la magia se ha retirado del mundo porque la ciencia, la industria y la razón la han expulsado. Vino la modernidad y el mundo quedó desencantado.

Lo que quizás no sepas es que este cuento, como el de que los jovenes de hoy nunca han sido tan lerdos, lleva contándose desde la Edad Media. La idea de que las hadas se están yendo (o ya se fueron) es un tropo que aparece ya desde Chaucer. Y no desaparece. Como señala Jason Ananda Josephson Storm en The Myth of Disenchantment, el tropo de la marcha de las hadas se viene repitiendo con variaciones en relatos orales, novelas y poemas, de Edward Bulwer-Lytton a Rudyard Kipling, de Robert Graves a Yeats. Y las hermanas Brontë.

La retirada feerica aparece de forma explícita en Shirley y en Jane Eyre, donde la protagonista no podria dejarlo mas claro:

«Los duendes de la selva hace 100 años que dejaron Inglaterra; ni en el camino de Hay ni en los campos cercanos podría encontrar rastros de ellos, y jamás volverán a danzar a la luz de la luna de verano, de otoño o de invierno.»

De hecho, el folklore ocupa un lugar prominente en la obra de las Brontë. Jacqueline Simpson lo explica en su artículo sobre la función del folklore en Jane Eyre y Cumbres Borrascosas. A diferencia de lo que hacian otros novelistas de su tiempo, que relegaban el folklore a personajes secundarios, cómicos o ignorantes, las hermanas Brontë lo convierten en una parte esencial de la mente de sus personajes principales y lo emplean en momentos climáticos.

Empecemos por Jane Eyre. Los tres primeros capitulos esta impregnados por completo de lo sobrenatural. Parte de esa numinosidad se centra en la habitación roja, en la que se dice que murio el tio de Jane, dueño de la casa en la que se cria. Encerrada en esa habitacion de niña, Jane se ve en el espejo y lo que ve no es su reflejo sino una figura de cuento:

«Al pasar ante el espejo mis ojos horrorizados sintieron aún más la profundidad que rodeaba aquel ambiente misterioso; todo parecía más abierto y más sombrío de lo cual era en realidad, y la figurilla que me contemplaba con el rostro lívido y los brazos extendidos me parecía un espíritu, parecido a los pequeños fantasmas medio hadas y medio brujas que nos hacía ver Bessie en sus cuentos del anochecer, que se aparecen a los viajeros retardados saliendo de los helechos y de los zarzales del camino.»

Mas tarde Jane cae enferma. Mientras yace en la cama escucha los susurros de los criados. Son ellos quienes le enseñan que la habitación roja está encantada, quienes leen los signos del folklore en los hechos cotidianos. Sus murmullos son un inventario de fenonmenologia paranormal:

«Algo pasó cerca de ella…. Todo blanco…. Y luego desapareció…. Y detrás un perrazo negro. Oyó tres golpes en la puerta… y la luz del cementerio precisamente sobre su tumba.»

Fantasmas, psicopompos, poltergeist, luces espectrales.

Otra prueba de la centralidad del folklore en Jane Eyre es que aparezca en momentos decisivos. Uno de ellos es en el que conoce a Rochester. Mientras espera en el camino al mensajero, Jane escucha a un caballo en la lejania:

«Esperando la aparición del caballo, evocaba viejas historias de Bessie en las que figuraba un espíritu de los países del norte que denominaban Gytrash, el cual, en figura de caballo, mulo o inmenso perro, recorría los caminos asaltando a los viajeros, lo mismo que aquel otro caballo que se aproximaba ante mí.»

El Gytrash es uno de los muchos nombres de los psicopompos que forman parte de los cortijos de muerte en el folklore del norte de Inglaterra. Aunque es un cambiaformas, sus manifestaciones habiatuales son las de caballo y la del perro espectral. Jane lo convoca mentalmente justo antes de ver a Rochester. Luego, cuando regrese a Thornfield despues de ese primer encuentro, en la habitación de la señora Fairfax, Jane se encontrara de bruces con Pilot, el perro de Rochester:

«En su lugar había un gran perro negro, sentado y solitario sobre la alfombra y mirando las llamas; un perro enorme, blanco y negro, exactamente igual al Gytrash.»

Rochester llega por tanto precedido de un espectro y parece poseer uno.

Volviendo al momento del encuentro, cuando por fin dobla el camino, el caballo de Rochester resbala en el hielo; Jane lo ayuda. Rochester le pregunta de dónde viene, y ella responde: «de allá abajo», y añade “No tengo miedo de andar sola por el campo con la luz de la luna”. Jane quiere decir que viene de Thornfield, pero la referencia a las hadas es clara: En el folklore británico, el mundo feérico no está solo en el bosque o en un más allá; muy a menudo está bajo tierra, debajo de colinas, montículo, túmulos. Es curioso, por cierto, que Berta (si has leido la novela, sabes quien es) habite en el ático.

Pero hay algo más: cuando Rochester la ve por primera vez, Jane está sentada en un stile, un escalón para cruzar una valla, el paso entre un terreno y otro, un lugar liminal en el que el folklore sitúa la aparición de seres sobrenaturales. La frase de Jane y la postura en la que la encuentra despiertan la imaginación de Rochester. Al día siguiente, lo usa para meterse con ella: :

«De modo que usted esperaría a sus gentes sentadas en la valla.»

«No me choca que tenga usted la mirada como de otro mundo; me estaba preguntando de dónde habría sacado esa expresión de cara desde que la encontré anoche en Hay; me dio por pensar en los cuentos de hadas y estuve a punto de preguntarle si había hechizado a mi caballo.»

Rochester está leyendo a Jane en clave feérica.

No es casualidar por tanto que el compromiso entre ellos se celebre en la noche de San Juan (Midsummer Eve), la noche de mayor poder feérico en el calendario inglés. Cuando Rochester le cuenta a Adèle cómo ocurrió, lo narra como un rapto feérico:

«La cosilla era un hada que llegaba del país de las hadas con el fin de hacerme dichoso, para lo cual tenía que huir con ella a un lugar solitario fuera del mundo de los humanos […] Me habló de la cueva de alabastro y del Valle de Plata donde podríamos vivir.»

Como decia antes, en Jane Eyre, lo feérico estructura los momentos de identidad, miedo y deseo de la protagonista. Pero la novela no da mucha ocasión para evaluar las ideas de las Brontë sobre otros sujetos sobrenaturales. En Cumbres Borrascosas en cambio, lo numinoso forma parte del tejido mismo de la novela, sin mediaciones. Demonios, brujería, espectros. sueños, presagios. Y con ellos, algo que en Jane Eyre apenas aparece insinuado: los niños cambiados, los changelings. Pero eso lo dejamos para la semana que viene.

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