“Incluing” es un término acuñado por la escritora y crítica Jo Walton para describir la técnica que consiste en dispersar información sobre el mundo en el que se desarrolla una historia dentro de la propia narración. Es una estrategia esencial en la ciencia ficción y la fantasía, donde casi todo suele diferir de las realidades de nuestro mundo. Por eso, el incluing forma parte de las herramientas que cualquier persona lectora de ciencia ficción adquiere de forma implícita: Leer, esperar, adivinar. Lo importante no es lo que un goblestat, un taquión o un remanente de hiperionización sean, sino la función que cumplen. Si el contexto no nos lo aclara, entonces no sera tan importante. Leer y leer te enseña a recordar y conectar estos conceptos, a saber cuándo ignorarlos y seguir leyendo.

El reverso del incluing sería el infodump, ese momento en que la narración se detiene para explicar cómo funciona el mundo, su historia, su tecnología o sus reglas. El infodump tiene mala fama por buenas razones. Como con tantas cosas, lo importante no es el qué, sino el cómo se hace, cómo se usa y se integra. Kim Stanley Robinson sería el ejemplo de alguien que ha depurado el infodump hasta convertirlo en un sello autoral.

Para preparar mi siguiente libro (ay, qué mal suena eso), estoy leyendo mucha ciencia ficción “dura”. Mucha space opera. Mucho cyberpunk. No es el tipo de ciencia ficción que más me interesa, pero hay que documentarse, es lo que toca. Y me estoy dando de cabeza una y otra vez con el incluing. Algunos ejemplos. Accelerando de Charlie Stross: difícil. La Era del Diamante de Neal Stephenson: a ver si en ingles se entiende algo. The Quantum Thief de Hannu Rajaniemi: ¿para qué tanta jerga? Ciudad Permutación de Greg Egan: no tengo ni idea de lo que me está contando ni creo que me importe. The Peripheral de William Gibson… ahora te cuento.

Esta es, como casi siempre, la historia de un fracaso personal, se mi fracaso como lector. El worldbuilding se hace tanto en nuestra cabeza como en la del autor/a. Seguro que algunas de las novelas que cito arriba son mejores que otras, mas perezosas. Pero yo tambien tengo culpa. Cierto es que las condiciones de lectura son importantes. Y si estás cansado, tienes poca paciencia o urgencias de la vida diaria, y si además tienes cierta predisposición en su contra, el incluing se hace cuesta arriba.

Con esto vuelvo a The Peripheral porque con ella me ha pasado algo nuevo de lo que creo ya te hable. Cuando llevaba 100 páginas sin entender apenas nada, incluso ya conociendo los detalles básicos del mundo en el que se desarrolla, comencé a ver la (cancelada) serie que la adapta bastante fielmente. Lo hice para entender la novela. A los pocos episodios empecé a saber quién era quién, a qué se refería Gibson con tal y cual cosa. Al mismo tiempo, iba comprobando las limitaciones del medio audiovisual, en gran parte comerciales. Por ejemplo, la necesidad de introducir intereses románticos, del cliffhanger, de llamar la atención constantemente. Simplificaciones, cambios, que bordeaban a veces lo grosero, pero que me fueron muy útiles, porque se reinvigoró mi interés por la novela y volví a ella para terminarla. Con todo, sigo pensando que la cancelación de la serie fue una pena y que The PReipheral es uno de esos libros de los que me gusta más hablar que leerlo.

Comparémosla con la adaptación de Fundación de Asimov. Fundación no podría tener menos incluing. En Fundación la gente fuma y bebe café, que sería servido por algún personaje femenino si es que hubiera alguno. Los grandes problemas y decisiones geopolíticas de la galaxia se discuten a puerta cerrada entre dos o tres señores. Directo, sencillo, sin jerga ni adornos. Cero necesidad de desarrollar personajes, de explicar sus pensamientos o su intrahistoria. Maravillosa. Para muchos fans enfurecidos, la adaptación de Apple TV fue una traición al material original. La serie tiene muchos defectos. Por ejemplo, el tratamiento de la religión: siendo una serie gringa, no sorprende que sea justo el opuesto al de Asimov. Pero la serie tambien cambia las novelas donde hay que cambiarlas. Recordemos que Asimov era un acosador.

Adaptada al audiovisual al pie de la letra, Fundación habría sido una serie con una estructura episódica y un reparto a renovar por completo cada pocos episodios porque las tres novelas originales cubren un periodo de unos cuatro siglos con bastantes saltos temporales de por medio. Desde el punto de vista comercial, habria sido un suicidio. No habria habido continuidad de trama ni actoral, no habria habido personajes a los que agarrarse. Por eso varios de ellos se congelan y descongelan a voluntad a lo largo de las temporadas. Pero la serie contiene al menos un acierto que proviene precisamente de los condicionantes del medio: la dinastía genética. En vez de un linaje de emperadores variables, el imperio galáctico lo dirigen tres clones del emperador Cleón original, tres que van pasando por las edades del hombre. Eso hace que Lee Pace y los otros dos actores que hacen de Cleón joven y viejo puedan aparecer episodio tras episodio. Una respuesta a las exigencias del formato y del mercado. Lo interesante es que esa alteración, esa concesión, ese hallazgo, no podría ser más fiel a una de las ideas más recurrentes de Asimov: la estabilidad como forma de estancamiento. El imperio gobernado por la dinastía genética es incapaz de aprender, de adaptarse, de percibir el cambio. Esa ceguera lo lleva a su decadencia y destruccion.

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