Entre 1978 y 1987 se estrenaron cuatro películas, tótems del cine fantástico, en las que criaturas extraterrestres eran el tema central: La invasión de los ultracuerpos, Alien, La cosa y Depredador. Dos de las cuatro se abren con la imagen de una nave alienígena llegando a la Tierra. En otras dos aparece Verónica Cartwright. En dos de ellas, los extraterrestres toman forma humana y dos son adaptaciones apócrifas de En las montañas de la locura, de Lovecraft. Pero las cuatro están inspiradas, de forma más o menos directa, incluso de forma explícita, en la idea de que los alienígenas visitaron nuestro planeta en el pasado remoto.

En 1973 se había emitido en la televisión norteamericana un documental que fue un éxito absoluto de audiencia. Narrado ni más ni menos que por Rod Serling, el creador de La dimensión desconocida, el documental llevaba a los espectadores en un viaje por todo el mundo mostrando presuntas evidencias de intervención extraterrestre en nuestro pasado: las pirámides, las estatuas de la Isla de Pascua, las líneas de Nazca, los templos de Tihuanaco. Un año antes, el productor de Serling, Alan Landsburg, le había puesto un libro sobre la mesa y le había dicho: «Rod, esto es real, puedo probarlo». Ese libro se llamaba Chariots of the Gods, titulado en castellano Recuerdos del futuro. Su autor era un hotelero suizo llamado Erich von Däniken.

Von Däniken murió esta semana a los 90 años de edad.

El tipo fue el responsable de que la idea de los alienígenas ancestrales se haya convertido en moneda común de la cultura popular. Lo irónico es que ni siquiera era una idea suya.

En 1960, dos autores franceses interesados en el ocultismo, los nazis, los ovnis y Lovecraft publicaron un libro titulado El retorno de los brujos. Jacques Bergier y Louis Pauwels reunieron en él todo el argumento de los astronautas ancestrales tal y como lo conocemos hoy: desde afirmaciones sobre antiguas bombas atómicas hasta sobre arquitecturas incas imposiblemente precisas. Su libro inspiró varios otros de Robert Charroux, que presentó el galimatías de Bergier y Pauwels en un formato más digerible. Estos libros llegaron a las manos de von Däniken mientras viajaba por el mundo usando el dinero que había defraudado al hotel que le empleaba. Inspirado, escribió un artículo en alemán que despertó el interés de una editorial. Pero, como los dioses alienígenas no habían llamado a von Däniken por el camino de la prosa cristalina y clara, la editorial encargó a un exproductor cinematográfico nazi, escritor y editor, Wilhelm Utermann, antiguo editor del periódico del Partido Nazi Völkischer Beobachter, que lo mejorara. Para evitar decir nada demostrablemente falso, Utermann formuló cada afirmación como una pregunta, añadiendo un signo de interrogación al final. 238 veces. Esa sería, a partir de ahí, una de las líneas de defensa de von Däniken cada vez que alguien le preguntaba por la veracidad de sus afirmaciones: «Yo solo hago preguntas».

Como ves, el argumento no es nuevo.

La metodología de von Däniken tampoco lo era. Era puro evemerismo. En lugar de ver los textos y el arte de civilizaciones antiguas como obras espirituales o metafóricas (pongamos por caso el famoso astronauta de Palenque) los leía como testimonios distorsionados de visitaciones ancestrales. Los ángeles se convierten en astronautas, los carros de fuego en naves espaciales, los dioses en extraterrestres. El trasfondo racista estaba claro: si una cultura antigua no europea había hecho algo de interés, en realidad habían sido los alienígenas.

Recuerdos del futuro fue un éxito de ventas. Su siguiente libro, Regreso a las estrellas, que von Däniken escribió mientras cumplía condena por fraude, desfalco y falsificación documental, también. Se convirtió en una celebridad.

Si te preguntas de dónde viene la idea, en Indiana Jones y el arca perdida, de que el arca de la alianza sea un arma nuclear, o por qué en la serie original de Battlestar Galactica los pilotos llevaban cascos inspirados en los nemes de los faraones egipcios y sus paneles de control presentaban jeroglíficos…, la respuesta es: de von Däniken. De un mentiroso compulsivo certificado psiquiátricamente. De un hombre que veía sus teorías como una forma de promover valores morales tradicionales y que dijo que el socialismo era el mayor peligro al que se enfrentaba el mundo. De un hombre que calificó a la raza negra como un «fracaso» y especuló con que los alienígenas crearon a los blancos para corregir ese error.

Como ves, lo de los nazis del misterio tampoco es nuevo.

Es la idea de una idea que da vueltas y vueltas, que se transforma, se recicla y reaparece. Que alimenta el lore de obras que son explotaciones de sí mismas. Que la raza de Depredador visitara la Tierra en el pasado en múltiples ocasiones ya ni sorprende (Prey). Por no hablar de la pirámide descubierta bajo el hielo antártico que sirve de punto de partida a Alien vs. Predator, otro eco de En las montañas de la locura. O que, en el reboot de Battlestar Galactica, los colonos y los cylon resulten ser los alienígenas ancestrales. O que en Prometheus, además de traerse material de las propias explotaciones de Alien (¡La galaxia del terror!), Ridley Scott se metiera del todo en la charca de von Däniken haciendo que fueran los alienígenas quienes sembraron la vida en la Tierra.

A partir de los años 90, von Däniken nunca volvió a alcanzar el mismo nivel de fama que había conocido en la década de 1970. Su intento de reavivar el interés creando un parque temático dedicado a su obra terminó fue una debacle financiera. Siguió publicando libros hasta bien octogenario, pero en su mayoría eran refritos y autoplagios. Pero eso no fue un demostracion de su fracaso, sino del éxito de aquellos a quienes influyó y con los que hoy convivimos.

Reply

or to participate

Keep Reading

No posts found